Como pieza clave del comercio internacional, el flete marítimo ofrece el medio más sólido y sostenible de distribución global. Dado que los océanos cubren la mayor parte de la superficie de nuestro planeta, proporcionan una infraestructura natural y amplia para el comercio internacional. En el apogeo de la Revolución Industrial, la infraestructura marítima fue la pilar fundamental lo que permitió el dominio industrial y comercial de países como Inglaterra y Francia. Aunque los avances tecnológicos propiciaron el auge del flete aéreo como alternativa más rápida, la demanda de flete marítimo se ha mantenido notablemente resistente.
Los principales beneficios de optar por la logística marítima son:
El inconveniente más notable del flete marítimo es el prolongado tiempo de tránsito. Cuando los plazos operativos no son negociables, el flete aéreo sigue siendo la única alternativa viable para mantener la velocidad de la cadena de suministro. Además, aunque es poco frecuente, la seguridad marítima sigue siendo una preocupación en determinadas regiones. La amenaza de la piratería puede poner en riesgo la seguridad de la carga y provocar pérdidas financieras si un buque es interceptado y su carga se ve comprometida.
A pesar de estos retos, para la mayor parte del comercio mundial, la fiabilidad y la capacidad del flete marítimo siguen haciendo de él la columna vertebral de la cadena de suministro internacional.
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